Sábado, 25 de Noviembre del 2017
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Oídos: blíndalos al verano Las nuevas modalidades de ocio ligadas al verano como los festivales de música, conciertos o discotecas, además de los viajes en avión o la práctica de submarinismo o deportes de montaña, aumentan las probabilidades de trastornos de audición y otras patologías relacionadas con los oídos. Te enseñamos a cuidarlos Fecha: 05/07/2017Fuente: Consejos de tu farmaceutico

Durante el verano, la salud auditiva requiere de una especial atención y cuidado por las condiciones de riesgo que reúnen las piscinas y playas, así como por la frecuencia con que realizamos actividades al aire libre o la frecuente exposición en esta época a sonidos de muy alta intensidad en conciertos y festivales, que pueden llegar a dañar las células internas, desencadenando posibles patologías y pérdida auditiva. De entre todos los factores que pueden afectar a la audición, el ruido es uno de los más perjudiciales, ya que daña la audición lenta y progresivamente a lo largo de la vida, comenzando por las potencias agudas y provocando un daño irreversible y permanente a lo largo del tiempo. Así lo afirma la doctora María José Lavilla, presidenta de la Comisión de Audiología de la SEORL-CCC, quien asegura que “el ruido altera nuestro bienestar y dificulta nuestra capacidad de comunicación y socialización: nos pone cardíacos, produce problemas circulatorios, provoca anginas de pecho, hipertensión, alteraciones del sueño, dificultad de concentración, alteraciones del carácter, estrés, irritabilidad, dificultad de aprendizaje, etc.”, añade la experta. En definitiva, nos quita años de vida saludable, tal y como lo estipula también la Organización Mundial de la Salud.

Los niveles en los que hay que moverse

Según esta experta de la SEORL-CCC, el nivel óptimo de ruido se ha establecido en 65 decibelios, siendo los 80 db el límite máximo para que no se dañe la audición. Exponer nuestros oídos a fuentes de ruido de más de 80 db de manera prolongada ya puede dañarlos, mientras que a partir de los 100 el daño es inmediato. Según la doctora Lavilla, en la sociedad moderna los ruidos más dañinos proceden del tráfico, los transportes en general y de las nuevas fuentes de ocio como los bares, conciertos y discotecas. Además, el hábito de los jóvenes de escuchar música con auriculares, está adelantando la edad del envejecimiento de la hipoacusia en 20 años, de manera que si antes este daño empezaba a los 60, los jóvenes empezarán a tener problemas de audición a los 40. Además, hay que tener en cuenta que en el daño auditivo no solo interviene el factor intensidad, sino también el tiempo de exposición, de manera que, solo con que elevemos el nivel de sonido del reproductor de música 3db por encima de los 80 db, ya tendremos que reducir el tiempo de exposición a la mitad, para evitar daños.

En cualquier caso, según la doctora Lavilla, hay que tener en cuenta también el factor de susceptibilidad individual, ya que unas personas pueden verse más afectadas por el ruido que otras. Las más susceptibles son aquellas con antecedentes familiares, que han tenido problemas de oído, que viven expuestas al ruido permanente y/o que han tenido algún accidente traumático o han tenido que tomar de manera frecuente medicamentos ototóxicos, algunos de ellos tan cotidianos como la aspirina, el paracetamol y los AINEs, “que solo hay que tomar cuando son estrictamente necesarios”, afirma la experta.

La dieta contra el ruido

1. Dosifica el ruido, limitando al máximo la intensidad del volumen y el tiempo de exposición.

2. Aléjate de las fuentes de ruido: si vas a un concierto, aléjate de los bafles y amortigualo con protectores: un simple algodón amortigua 15-20 db el sonido.

3. Procura no generar ruidos.

4. Cumple con la legislación contra el ruido: “a los jóvenes les advertimos que tienen que cumplir con la legislación que regula el producto, que recomienda no elevar el nivel de salida automático con cada encendido del reproductor, que suele ser de 80 db y no debe superar los 85 db. Si el individuo decide voluntariamente aumentarlo, el aparato incorpora por ley un aviso, de manera que cada 20 horas recuerda que estás superando los niveles permitidos por la ley y que estás en situación de peligro”, advierte Lavilla.

5. Si vas a escuchar música, aplica la regla del 60-60: no más de 60 minutos a más del 60% del volumen que permiten los reproductores.

Acúfenos: a menudo aparecen en verano

“Una de las principales patologías auditivas que los pacientes pueden manifestar por primera vez o ver empeorar tras los meses de verano son los acúfenos o tinnitus”, manifiesta por su parte el doctor Martínez-Monche, director médico del centro auditivo especializado en acúfenos, OTOTECH. En España, se calcula que aproximadamente 3,5 millones de personas sufren esta alteración del oído interno que, con mayor o menor intensidad, puede acabar afectando a la calidad de vida de quien los padece. Insomnio, inestabilidad emocional e incluso aislamiento social son algunas de las repercusiones más comunes derivadas de esta afección auditiva que provoca pitidos en el oído interno y constituyen la señal de que algunas de las células ciliadas del interior del oído han sido deterioradas por la agresión del ruido.

“Antes, las razones más comunes para la aparición de acúfenos solían ser las infecciones víricas, los problemas vasculares, los cambios hormonales… pero cada vez más, vemos pacientes cuyo estilo de vida y algunos de sus hábitos o aficiones han terminado afectando a su salud auditiva”, explica el doctor Martínez-Monche. Según este experto, las personas con acúfenos deben evitar realizar actividades que impliquen cambios bruscos de presión como el submarinismo, el paracaidismo o la escalada, ya que pueden afectar a las células del oído interno inhabilitándolas para realizar una correcta función. Viajar en avión es otro de los factores a tener en cuenta por la gran exposición de los oídos a un cambio de presión muy brusco. Para estos casos, es conveniente llevar caramelos o chicles que ayuden a descomprimir la presión de los oídos, al menos durante el despegue y el aterrizaje. También conviene reducir o eliminar el consumo de sustancias tóxicas como el alcohol o el tabaco, así como aprender a gestionar correctamente el estrés.

Piscinas: ojo a la otitis del nadador

El verano y las piscinas es otro clásico tándem del que hay que cuidarse, especialmente los niños y los nadadores, que son a quienes más afecta la llamada otitis externa u “otitis del nadador”. Se trata de una infección del canal auditivo que conecta el medio exterior con el tímpano, y que además de un dolor intenso, produce una cierta pérdida de audición, con sensación de taponamiento del oído o sensación de plenitud ótica, debido a la acumulación de detritus o a la inflamación de la pared del conducto auditivo externo. Aunque esta otitis no es considerada como peligrosa, una mala evolución puede desencadenar en síntomas agudos o en el cierre del conducto auditivo.

Entre las recomendaciones de la SEORL-CCC, destacan la reducción del tiempo de inmersión en los niños, el uso de tapones o gorros de baño, utilizar un secador si fuera necesario o evitar el uso de bastoncillos o la aplicación de sprays que puedan cambiar el pH de la piel del conducto. Además, es recomendable mantener los oídos limpios y secos, especialmente tras el momento del baño, y cuidar que no entre demasiada agua en ellos.

Actualizado Noviembre 2017