Martes, 21 de Noviembre del 2017
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El viaje contrarreloj de un corazón Cada día se realizan 13 trasplantes de órganos en España. Una carrera contra el tiempo que no puede durar más de treinta y seis horas... y a veces donante y receptor están a más de mil kilómetros Fecha: 29/03/2017Fuente: El Correo

No es un viaje muy largo -puede durar entre doce y treinta seis horas-, pero sí difícil e intenso, con una salida dolorosa y una llegada feliz. Este reportaje hace el recorrido de un órgano que va a ser trasplantado, un proceso que permite salvar vidas (el año pasado se trasplantaron 4.818 órganos en hospitales de España) gracias a una cadena solidaria en la que pueden participar hasta cien personas y que funciona las 24 horas y los 365 días al año. En Euskadi, 285 personas recibieron un órgano el pasado año: se realizaron 168 trasplantes renales (un 12,5% de ellos, de donante vivo), 87 de hígado, 9 pulmonares, 17 cardíacos, y 4 de riñón-páncreas. Lo contamos hoy porque este 29 de marzo se celebra el Día Nacional del Trasplantado.

El punto de partida es el momento más complicado de este viaje, que empieza con la detección del donante, alguien que fallece por muerte encefálica en una unidad de cuidados críticos de cualquier centro hospitalario de España, explica Joseba Aranzabal, coordinador de Trasplantes de Euskadi. «Lo primero es realizar una evaluación del donante para confirmar dos cosas fundamentales, que no tenga ningún proceso infeccioso transmisible y que esos órganos que van a ser trasplantados se encuentren en perfectas condiciones».

El perfil del donante ha cambiado mucho en los últimos veinte años. Los accidentes de tráfico han pasado de ser la primera fuente de donación a quedar relegados prácticamente como la última. En 1986 representaban un 33% de las donaciones, frente al 4% de 2016. El año pasado, la causa más común fue el accidente cerebro-vascular, que supone un 58% de los casos. «Antes, el perfil era el de un chico joven, en muchas ocasiones motoristas sin casco, que sufrían un traumatismo craneal». El descenso de la mortalidad en carretera ha tenido también como consecuencia un cambio en la edad media del donante, que se ha disparado hasta los 65 años, lo que implica que estas personas, por lo general, pueden donar menos órganos y son de calidad más baja. «Esta circunstancia ha obligado a una mayor evaluación de los órganos» porque donantes de corazón y pulmón de más de 50 años no se admiten. Sin embargo, el hígado es un órgano muy «agradecido» y se puede trasplantar de un donante de 75 años a un receptor mucho más joven. En el caso del riñón se establece un límite de diez años de diferencia entre ambos.

A continuación, se produce uno de los momentos más dolorosos de este viaje, la entrevista con la familia del fallecido. Aunque desde 1979 en España existe la ley del consentimiento presunto, que significa que toda persona que fallezca se considera donante si no ha manifestado en vida lo contrario, son los familiares quienes tienen la última palabra. «Lo primero que hacemos es ayudarles dándoles apoyo emocional» y después, un equipo de médicos y enfermeras, «perfectamente formados para este tipo de entrevistas», les informan de que puede ser donante y preguntan si él o ella se había negado en algún momento a la donación. «Ninguna familia se ha arrepentido nunca de haber dicho que sí», señala Aranzabal. En Euskadi, prácticamente nueve de cada diez familias (un 89,5%) se manifiesta a favor a la donación, alrededor de cinco puntos por encima de la tasa nacional y muy por encima de la media europea (70%).

Con el sí de la familia, la maquinaria de la coordinadora de Trasplantes se pone a funcionar a pleno rendimiento. En primer lugar, se informa a la Organización Nacional, que adjudica «prioridad absoluta» a los pacientes de 'urgencia cero' o en peligro de muerte si no son trasplantados en 48 horas. Si no hay un caso de estos se deriva a la zona geográfica más próxima, ya que el traslado es «más sencillo» al tratarse de un proceso a contrarreloj. Si no hay demanda de este órgano cerca, se hace la oferta al resto de España e incluso a Europa. «Un mismo donante puede salvar hasta cuatro vidas, por ejemplo los riñones pueden derivarse al Hospital de Cruces si hay un enfermo allí que lo necesite, el corazón a Sevilla y el hígado trasplantarse en Galicia...».

Cada órgano se adjudica a «la persona que más lo precise», siguiendo unas serie de criterios médicos: el tamaño corporal del donante y el receptor -«a veces puede que un corazón sea demasiado grande y no sirva para un chico de 14 años»-; la compatibilidad de grupo sanguíneo, el tiempo en lista de espera... Desde el centro Coordinador de Trasplantes de Euskadi insisten en que «son criterios objetivos que se cumplen a rajatabla porque la absoluta transparencia es fundamental para que la sociedad confíe».

Suena el teléfono en casa del potencial receptor y se escucha: «Hay un órgano para usted». Es una llamada que llega tras un tiempo variable de espera. En Euskadi, la demora se ha reducido gracias a la creciente tasa de donación (65 donantes por millón de población el año pasado). En pacientes renales, que pueden mantenerse con diálisis, el 70% se trasplanta en dos o tres años, mientras que en hepáticos y cardíacos, la lista de espera es de unos cinco meses. «Es una situación muy angustiosa para los pacientes pero están bien informados y, por eso, están tranquilos», insiste Aranzabal. Cuando por fin se recibe esta llamada, el receptor debe acudir inmediatamente al hospital para hacerse las pruebas de compatibilidad y esperar allí la llegada del órgano.

Para entonces ya se ha activado el protocolo de actuación en todos los hospitales que intervendrán. Ya que la extracción del órganos (u órganos en caso de que haya más de uno) se realiza en el mismo centro donde ha fallecido el donante, mientras que el trasplante se hace en el hospital donde ya está ingresado el receptor. «La coordinación es la clave de esta cadena». Y el doctor pone un ejemplo concreto: si una persona va a ser trasplantada de hígado en Cruces y el donante está en Coruña, el equipo de extracción de Cruces se traslada a Galicia y luego regresa para hacer la operación en el hospital vizcaíno. «Cada cirujano tiene establecido un orden de entrada en el quirófano para extraer los diferentes órganos. Los últimos suelen ser los urólogos, que son del propio centro del donante, que se encargan de los riñones». En Euskadi, el hospital de Cruces (el único que hace trasplantes en la comunidad) dispone de dos equipos de trasplantes disponibles las 24 horas, el hepático y el renal, que han realizado hasta ahora 1.300 y 3.200 implantes, respectivamente. «Para los de corazón y pulmón tenemos un acuerdo con Valdecilla (Santander). Hay que tener alianzas con otras comunidades y aprovechar su experiencia».

Cuando se habla de trasplantes viene a la cabeza la imagen de médicos corriendo con maletas especiales a un helicóptero. El transporte es «fundamental porque cada órgano tiene un tiempo de isquemia fría», el período que puede permanecer (el órgano) fuera del cuerpo. Ese es solo el periodo que puede durar el «viaje»: corazón y pulmones aguantan en buen estado cinco horas; el páncreas, seis; el hígado, siete; los riñones, hasta 24. Los órganos se transportan en neveras con hielo dentro de unas bolsas con líquidos para su conservación, y la distancia entre el centro donante y el receptor marca la elección de un determinado transporte. Normalmente van por carretera, pero «en ocasiones es necesario el avión, por ejemplo si hace falta ir desde Bilbao a extraer un hígado a León o a Sevilla». Por eso, existen acuerdos con los aeropuertos, en cada uno de los cuales hay un jet privado que puede usarse en cualquier momento del año, de día o de noche.

Una vez los cirujanos llegan al hospital de destino con el órgano, se implanta en el receptor. «Las estancias hospitalarias postrasplante se han reducido mucho en los últimos años. En el caso del renal oscila entre cinco y seis días; y en el hepático, que es más complejo, la recuperación es espectacular porque a veces salen de UCI en 48 horas y se van a casa a los ocho días. Para ellos es una segunda oportunidad en la vida».

Este es el final del viaje, pero en ocasiones hay un 'regreso' al punto de partida ya que hay familiares de donantes que «desean saber qué ha pasado con los órganos de su persona querida. Entonces se les informa por carta sobre el destino, aunque nunca se revela ningún dato de los receptores que permita su identificación».

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Actualizado Noviembre 2017