Martes, 26 de Septiembre del 2017
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Cómo distinguir la intolerancia a la lactosa del colon irritable (y qué puede comer en cada caso) Productos lácteos alternativos que podrá disfrutar e incluso pueden aliviar sus síntomas Fecha: 02/08/2017Fuente: El País

En los últimos años cada vez son más las personas que sufren algún tipo de problema digestivo. Si de forma habitual después de beber un par de vasos de leche acaban en el cuarto de baño, lo asocian con la intolerancia a la lactosa.

Al margen de que solo un diagnóstico médico podría confirmarlo, es importante tener claras algunas claves para distinguir una intolerancia de otras posibles fuentes de malestar.

La intolerancia a la lactosa, por grados

Curiosamente, en Europa —sobre todo en los pueblos con una tradición ancestral ganadera, como los holandeses y los suecos— la incidencia de la intolerancia a la lactosa no está tan extendida como en otros países gracias a una peculiar adaptación genética.

Aunque no existen cifras oficiales, el colectivo médico calcula que entre un 30% y 50% de la población podría ser intolerante a este azúcar, según un estudio publicado en 2015 por la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), a partir de encuestas entre facultativos. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria afina más y señala el máximo de incidencia en un 34% para la población española.

Algunos síntomas de esta intolerancia son hinchazón, dolor abdominal y diarrea después de consumir productos con un alto contenido en lactosa; como leche de vaca, oveja y cabra, mantequilla, margarina, helados con base de leche, nata y algunos quesos frescos.

La lactosa es un azúcar o disacárido natural de la leche, compuesto por dos monosacáridos: la glucosa y la galactosa. Y la lactasa es una enzima que se produce en el intestino delgado y sirve para romper la lactosa separando esos dos monosacáridos para su correcta absorción. ¿Qué sucede cuando tenemos un déficit de esta enzima? Que el organismo no puede metabolizar correctamente la lactosa y aparecen las molestias intestinales. Por grados, puede ir desde una ligera sensibilidad hasta una intolerancia grave que conlleva la retirada de la leche de la dieta.

Pero la intolerancia a la lactosa tiene grados y ninguno de gravedad extrema, como explica el doctor Gabriel Olveira Fuster, miembro del Comité gestor de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición) y presidente de la Sociedad Andaluza de Nutrición Clínica y Dietética (SANCYD): "Dado que no presenta una amenaza para la salud, el tratamiento aquí consiste en minimizar la incidencia y la intensidad de los síntomas. Después de eliminarla de la dieta se puede ir introduciendo e ir comprobando la tolerancia".

Además, si se consume leche habitualmente se establece una cierta “tolerancia adquirida”, ya que "la flora intestinal se adapta en cierta forma a la presencia de lactosa", añade el catedrático Miguel Calvo, coordinador del Grupo de Investigación en Bioquímica de las Proteínas de la Leche de la Universidad de Zaragoza.

¿Intolerancia o colon irritable?

“No todo el que se considera intolerante a la lactosa lo es: existe mucha desinformación y se puede confundir con otros problemas digestivos, como el síndrome de colon irritable. Pero también es cierto que a veces quien nunca tuvo problemas con la leche, de la noche a la mañana puede sufrir problemas intestinales", puntualiza Calvo.

En un estudio de cohortes —en un grupo de población seleccionado, en este caso pacientes diagnosticados de colon irritable— llevado a cabo por la Universidad Sophia-Antipolis de Niza, solo el 19% de aquellos que se autopercibían como intolerantes a la lactosa resultaron serlo. Además, los investigadores encontraron que aquellos pacientes que manifestaron síntomas de malabsorción a la lactosa durantes las pruebas —test del aliento— tenían un cuadro de colon irritable más severo que aquellos que dieron positivo al test, pero no presentaron síntomas en el momento de realizárselo. De aquí la importancia de buscar un diagnóstico profesional.

La alergia no da dolor de estómago

No se debe confundir esta intolerancia con la alergia a las proteínas de la leche, que compromete el sistema inmunológico por una reacción alérgica a proteínas (no azúcares) lácteas como la betalactoglobulina y la caseína. Los síntomas de esta alergia —que es poco frecuente, suele aparecer en la infancia y puede remitir posteriormente— son urticaria, picores en la lengua y la garganta, problemas respiratorios y en caso extremo, anafilaxia.

Aquí no basta con retirar la leche de la dieta, sino que dependiendo de la intensidad de la alergia conviene controlar también los productos procesados y algunos medicamentos que pueden haber estado en contacto con estas proteínas en su elaboración.

Lácteos ricos y aptos para intolerantes

Además de las leches sin lactosa, los intolerantes a este azúcar tienen una amplia variedad de productos derivados de la leche que pueden consumir sin preocuparse por la motilidad gastrointestinal, como yogures, kéfir, cuajadas y quesos curados. Esto es posible gracias a las bacterias lácticas —lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus— que se utilizan para la fermentación, rompen la lactosa y producen ácido láctico. Cuanto más ácido sea el producto, menos cantidad de lactosa y mejor digestión: un yogur, por ejemplo, es más ácido que el kéfir.

Una buena noticia para los intolerantes a la lactosa, ahora que la artesanía del yogur amenaza con sustituir a la de la cerveza. No solo se pueden comprar, si se está al otro lado del océano, recetas muy especiales con leche de oveja como las que propone Bellwetherfarms, o lanzarse a los ecológicos de Vrai que pueden encontrarse en España: lo próximo será hacerlos en casa y salados. Eso sí, cuanto más ácidos mejor.

“Lo que influye en que un yogur sea más o menos ácido es el microorganismo que se ha incorporado a la leche para su fermentación", explica Miguel Calvo, y añade: "En esa elaboración, las bacterias lácticas rompen la lactosa en galactosa y glucosa, y por tanto ahorran ese trabajo al intestino. Si una persona tiene una intolerancia leve y puede beber medio vaso de leche, podrá consumir dos yogures. Y además el efecto no es acumulable: en un mismo día puede comer un yogur por la mañana y otro por la noche y no pasa nada. Lo que no tiene ninguna base científica es la diferencia entre yogures ecológicos y no ecológicos para evitar la intolerancia a la lactosa. Pueden ser más o menos cremosos, pero el efecto en cuanto a la intolerancia será el mismo”, concluye el investigador.

En cuanto a las personas afectadas de colon irritable, numerosos estudios han concluido que los alimentos con probióticos, como los yogures, ayudan a mejorar los síntomas. Sí y no. En una revisión de estos estudios llevaba a cabo por la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington (EE UU) llegaron a la conclusión de que, según los síntomas que presenta el paciente y el tipo de probiótico, estos suplementos pueden ser beneficiosos o no tanto; así que en estos casos es siempre mejor consultar primero al médico.

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Actualizado Septiembre 2017