Miercoles, 23 de Abril del 2014
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Los endocrinólogos pediátricos atienden cada vez más casos de diabetes infantil Los cambios en el ritmo de vida provocan la aparición de nuevos trastornos patológicos y el incremento de ciertas patologías endocrinológicas. Una de las patologías más frecuentes en la infancia y adolescencia es la diabetes mellitus tipo 1. Su incidencia anual ha incrementado en un 3,8% en todos los países, afectando sobre todo a niños menores de 5 años. En este sentido, en España se detectan cada año entre 10 y 25 casos por cada 100.000 habitantes. Fecha: 05/12/2011Fuente: Médicos y PacientesLa Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) sostiene que el objetivo es fomentar la educación sobre diabetes para lograr un adecuado autocontrol por parte del paciente y sus cuidadores. De esta forma, para manejar la enfermedad se deben tener en cuenta tres pilares fundamentales: alimentación, ejercicio e insulinoterapia.

La talla baja, la obesidad y la falta de vitamina D, otros de los trastornos más frecuentes

Otro de los motivos habituales de preocupación para los padres, de consulta al pediatra de Atención Primaria y de derivación al endocrino infantil se vincula con la talla baja. Sin embargo, la mayoría de veces se trata de niños que no necesitan tratamiento al ser variantes de la normalidad.

Sólo un 5 % de niños con retraso de crecimiento tienen una causa endocrinológica. Sin embargo, existen multitud de mecanismos genéticos que influyen en el proceso de crecimiento de una persona. De esta forma, una buena nutrición y un entorno psicosocial adecuado son algunos de los factores clave para regular correctamente el crecimiento.

La hormona de crecimiento (GH) actúa directa o indirectamente en el crecimiento de órganos y tejidos del cuerpo. En este sentido, cuando existe deficiencia de GH, sólo en un 20% de los casos es posible detectar una causa orgánica responsable, pero únicamente afecta a un 1-2% de los hipocrecimientos. Además, cerca del 90% de los hipocrecimientos prenatales alcanzan una talla normal entre los 2 y 4 años primeros de vida y no precisan tratamiento.

Frecuentemente, las patologías crónicas, las dietas inadecuadas o los trastornos más o menos severos de la conducta alimentaria (anorexia nerviosa, miedo a la obesidad…) pueden ser la causa del hipocrecimiento. Según datos de la SEPEAP, se estima que entre el 10 y el 15% de los casos de talla baja derivan de alguna enfermedad crónica y, además, los expertos creen posible que esta cifra vaya en aumento como consecuencia de la mayor supervivencia en muchas de las patologías crónicas.

“Cuanto más precoz, grave y prolongada sea la enfermedad que ocasiona la alteración del crecimiento, menos posibilidades hay de que el paciente pueda recuperarse completamente”, explica el doctor J. Pozo Román, médico adjunto del Servicio de Endocrinología Pediátrica del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, de Madrid. Sobre todo, la malnutrición, las alteraciones metabólicas y, en ocasiones, ciertos trastornos psicológicos influyen de manera notable en el fracaso del crecimiento. Asimismo, la enfermedad celíaca y la enfermedad inflamatoria intestinal, entre otras, se pueden presentar como único síntoma de un retraso de crecimiento.

Para los pediatras resulta fundamental conocer las características del crecimiento normal así como la forma en que las diferentes patologías pueden alterarlo ya que existen múltiples patologías que pueden comprometer la evolución del niño. Sin embargo, la SEPEAP aclara que la talla baja no es una enfermedad, sino un síntoma. Por ello, en muchos casos no se indica un tratamiento y en los que lo precisan, el tratamiento está dirigido a la enfermedad responsable. Sólo en algunos casos una pequeña parte de pacientes requiere tratamientos específicos para estimular o mejorar el crecimiento.

La obesidad es, en la actualidad, uno de los problemas de salud pública a nivel mundial. Los cambios en el estilo de vida, la escasa actividad física y un aumento en la ingesta de calorías han aumentado la incidencia de este trastorno. En España se han triplicado las cifras de obesidad infantil y se estima que la padece cerca del 14% de la población con mayor predominio entre los varones.

Los pediatras alertan de que la adolescencia es un periodo clave, ya que la probabilidad de que un niño obeso se convierta en un adulto obeso aumenta de un 20% a los 4 años a un 80% en la pubertad.

En los últimos años, la deficiencia de vitamina D se ha convertido en un problema en los niños. La falta de esta vitamina sumada a la de calcio y a los trastornos adquiridos y heredados en el metabolismo de la vitamina D, del calcio y del fósforo, son algunas de las causas que pueden propiciar raquitismo (enfermedad metabólica ósea que supone una mineralización deficiente de los huesos y del cartílago de crecimiento).

Los niños menores de un año presentan mayor riesgo de ingesta insuficiente de vitamina D. Ciertos alimentos, y en especial la leche, tanto de mujer como de vaca, son pobres en vitamina D, mientras que de forma natural la contienen los pescados azules, la yema de huevo, las vísceras, el hígado y la grasa de mamíferos acuáticos. Además, las carencias en la alimentación unidas a la escasa exposición solar pueden ser los principales causantes de este trastorno. Según datos de la SEPEAP, “la fuente lumínica mediante la exposición a la radiación solar ultravioleta constituye el 90% del aporte en vitamina D, incluso en zonas geográficas alejadas del ecuador”.
Actualizado Abril 2014